HOMENAJE ‘MANUEL HERNÁNDEZ, VALDEORRÉS ILUSTRE’ – Discurso completo

“Buenas noches.

Quiero agradecer, antes de nada, la oportunidad que me han brindado los organizadores de este homenaje y mi propia familia, de poder estar aquí hoy, en el Barco, en este acto tan especial, y hablar ante todos ustedes, de mi abuelo.

En la vida, hay sensaciones, sentimientos que uno percibe que le han sido robados incluso antes de haber podido disfrutarlos.  Recuerdos que se construyen a través de relatos externos para terminar alcanzando la importancia que realmente merecen. Personas que son capaces de hacerte entender, a través de su legado, el porqué de muchas de las emociones que te envuelven.

El destino quiso que nunca pudiera ver a mi abuelo. Murió tan solo un par de meses antes de que yo apareciera en este mundo. Él ya sabía que me hallaba en plena fase de montaje, pero no nos dejaron tiempo suficiente para poder encontrarnos.  Una especie de no deseado relevo existencial, que quizás por esa misma cercanía, ha provocado una contradicción injusta. Al revés de lo que podría considerarse habitual, el dolor ,y la rabia, de no poder haber coincidido siquiera un segundo, lejos de apaciguarse, crece con el tiempo.

A pesar de esto, no dudé cuando se me ofreció la posibilidad de estar aquí. Sé que puede parecer extraño, incluso pretencioso, que alguien que nunca ha podido compartir ni la primera mirada con la persona homenajeada, se atreva a intentar hacerles recordar un hombre con la calidad personal y profesional de mi abuelo.  Supongo que creí, y creo, que, 27 años después,  quizás el mismo destino que nos robó por un suspiro ese primer encuentro, habría tenido remordimientos de conciencia, y habría querido disculparse permitiéndome hablarles hoy a ustedes, a mí mismo y sobre todo, a mi abuelo, sobre pequeños retazos de una vida, como bien refleja este homenaje, ilustre.

Siempre me resultó curioso tener un abuelo andaluz. De pequeñito me parecía incluso extravagante, exótico. Supongo que lo mismo que pensaba mi tatarabuela de los gallegos, que aún así parecían más cercanos que las Islas Canarias. Hecho fundamental, por otra parte, que atrajo a mi abuelo hacia el noroeste de la Península a la hora de elegir destino como maestro de escuela.

Allí conoció a una bella compañera de profesión, mi abuela, con la que acabaría compartiendo su vida hasta el último de sus días. A pesar de lo trillado que resulta el dicho popular, aquello de “detrás de una gran hombre siempre hay una gran mujer”, no fue en absoluto una excepción en este caso. Es necesario  mentar a mi abuela (y así le hubiera gustado también a él), la cual estaría profundamente orgullosa de un marido por el que dio todo.

Ya tras  la Guerra Civil, y un mordisco de bala que le recordaría su presencia a base de jaquecas y optalidones, mi abuelo concentró en el Barco de Valdeorras su vida entera. La escuela fue el punto de origen de un hombre que no escatimó esfuerzos por aquellos que le rodeaban.  Ya como director del centro, tanto hacía de maestro, como de secretario, bibliotecario… Poco importaba que fuese domingo, él siempre sabía estar donde sus responsabilidades le llamaban.  No pocos niños disfrutaron del calor de las estufas de su despacho en los gélidos inviernos orensanos. Siempre con esa honradez y cariño que lo definían. Si había que llevar la mortadela del comedor escolar  a casa para ser cortada, ¡qué no se le ocurriera a mi madre coger un trozo!.

A mi abuelo le entusiasmaba la cultura, y todo lo referente a ella. Educando u organizando las fiestas del pueblo, todo lo llevaba a cabo con la sincera pasión de quien está seguro de hacer lo correcto y desea ponerlo en marcha de la mejor manera posible.

En el aspecto humano, su devoción por la familia se ponía a la altura de su generosidad. De eso son buenos conocedores mis tíos y mi madre, e incluso mis primos,  aquí presentes. Pero el dinero tan solo era un medio más, entre muchísimos otros, para conseguir sacar una nueva  sonrisa a sus seres queridos.

 No quiero extenderme más de lo necesario. No tendría sentido cuando en esta misma sala se encuentran personas que, con mucha más concreción y maestría, podrán expresar en palabras el porqué hoy mi abuelo se ha convertido en valdeorrés ilustre. Sólo quiero mostrar mi agradecimiento, en nombre de toda la familia, por no haber dejado en el olvido todo lo que hizo por este su pueblo. Gracias al Instituto de Estudios Valdeorreses, dirigido por Aurelio Blanco, y a todos aquellos involucrados de alguna manera en la organización de este acto.

Nunca he podido abrazar a mi abuelo, o escucharle contar historias o tan siquiera mirarle desde la distancia. Pero, de alguna u otra forma, él siempre ha estado ahí. Tampoco pude contarle que, a pesar de sus temores, hemos vencido al código genético una vez más y los ojos azules han saltado a una tercera generación. Desgraciadamente, también vienen  acompañados de una incipiente alopecia… O agradecerle ese espíritu periodista que en él se hallaba, que Marcial explotó como nadie y que yo he tenido la suerte de recibir y utilizar en mi vida desde que tengo memoria. Gracias por todo abuelo. Y gracias a ustedes por su atención”.

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Publicado el noviembre 13, 2010 en MiCRoDiSea XXL. Añade a favoritos el enlace permanente. Dejar un comentario.

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